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COMENTARIO A TIEMPO

Unidad e integridad de nuestros pueblos de América (1)

Teodoro Rentería Arróyave

 Unidad e integridad de nuestros pueblos de América (1)

Gobierno

Julio 27, 2021 17:37 hrs.
Gobierno Estados › México Ciudad de México
Teodoro Rentería Arróyave › Noticias Valle de México

PRIMERA PARTE

El presidente Andrés Manuel López Obrador evitó esperar hasta el próximo aniversario del natalicio del libertador de América, Simón Bolívar, cerrado en quinquenios o décadas como se acostumbra, porque el tiempo apremia, para convocar en el 238 del natalicio del patricio, a América Latina, a Estados Unidos y a Canadá, ante la presencia mayoritaria de sus cancilleres, a una nueva y moderna integridad continental fuera de hegemonías y de intervencionismos criminales.

En tal ocasión, también propuso la sustitución o derogación de la siniestra Organización de Estados Americanos, OEA, por una moderna, respetuosa y respetada agrupación que haga efectivo la gran labor de velar por los principios de los derechos humanos, la soberanía de la naciones y la convivencia continental e internacional.

Y en forma muy especial, resaltó su reconocimiento a Cuba ’por su lucha en defensa de la soberanía de su país’, al afirmar que ’el pueblo de Cuba merece el premio de la dignidad… esa isla debe ser considerada como la nueva Numancia -la población celtíbera que prefirió suicidarse antes que rendirse ante sus atacantes-, por su ejemplo de resistencia’,.

Por considerar, que más que un discurso las palabras pronunciadas por López Obrador son toda una tesis de política nacional, continental e internacional, procedemos a reproducir las partes sustantivas del mismo, sin evitar el preámbulo histórico:

’La lucha por la integridad de los pueblos de nuestra América sigue siendo un bello ideal. No ha sido fácil volver realidad ese hermoso propósito, sus obstáculos principales han sido el movimiento conservador de las naciones de América, las rupturas en las filas del movimiento liberal y el predominio de Estados Unidos en el continente. No olvidemos que casi al mismo tiempo que nuestros países se fueron independizando de España y de otras naciones europeas, fue emergiendo en este continente la nueva metrópoli de dominación hegemónica.

Durante el difícil periodo de las guerras de independencia, inaugurado por lo general alrededor de 1810, los gobernantes estadounidenses, con óptica enteramente pragmática, siguieron los acontecimientos con sigiloso interés.

Estados Unidos maniobró, en diferentes tiempos, conforme a un juego unilateral, cautela extrema al principio para no irritar a España, Gran Bretaña y la Santa Alianza, sin obstaculizar la descolonización que por momentos se veía dudosa.

Sin embargo, hacia 1822, Washington inició el reconocimiento rápido de las independencias logradas a fin de cerrar el paso al intervencionismo extra continental; y, en 1823, al fin, una política definida.

En octubre, Jefferson, progenitor de la Declaración de Independencia y convertido, para entonces, en una especie de oráculo, dio respuesta por carta a una consulta que sobre la materia le hiciera el presidente Monroe. En un párrafo significativo, Jefferson dice: ‘Nuestra primera y fundamental máxima debería ser la de jamás mezclarnos en los embrollos de Europa. La segunda, nunca permitir que Europa se inmiscuya en los asuntos de este lado del Atlántico’.

En diciembre, Monroe pronunció el famoso discurso en el que quedó delineada la doctrina que lleva su nombre. La consigna de ‘América para los americanos’’. Dicho terminó, por desintegrar a los pueblos de nuestro continente y destruir lo edificado por Bolívar’. CONTINUARÁ


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